Historia del Ocultismo: Las Estatuas parlantes.

0.osiris¡Bienvenidas a todas las almas! Nuevamente nos sumergimos en el gran enigmático mundo de lo oculto. Seguimos en Egipto, en esta ocasión “Las estatuas parlantes y el poder mágico de la palabra” centrará mi atención. Espero conseguir captar vuestro interés y curiosidad. Sin más dilación…¡ Empezamos!

Los egipcios llegaron a pensar que si el cuerpo era destruido, podía ser reemplazado a fin de que el “ka” conservase su existencia por una imagen, lo más fiel posible, del difunto. Este fue el origen de las estatuas descubiertas en las tumbas egipcias y que los ricos depositaban en una cámara especial. Pero, como toda práctica mágica, estaba sometida a un estricto formalismo. La estatua, para sustituir al cuerpo momificado, para servir de soporte al “ka”, debía también ser sometida a la operación mágica del “sa”. Se le colocaba sobre un montón de arena, imagen de la montaña funeraria, y se la sometía a la influencia de la momia que tenía el cetro mágico, con la cabeza de serpiente y el látigo con triple correa; después era adosada al “naos” (arca), en la cua era encerrado el cadáver y entonces el fluido del muerto envolvía la nuca de la estatua. Por mediación de estas estatuas mágicas, soportes del “ka”, los sacerdotes y los necrománticos creían entrar en comunicación con el espíritu del muerto o del dios. Esto dio lugar a las estatuas parlantes cuyos discursos han conservado los papiros. Muchas veces (si damos fe a los documentos egipcios) la corte del monarca o el pueblo entero fueron testigos maravillados de las manifestaciones divinas, sorprendentes relaciones entre los sacerdotes y los dioses.20181126_073452En el tiempo de la reina Hatshepsut, durante una ceremonia, la estatua de Amón descendió de su pedestal y recorrió la sala para detenerse ante un joven que debió ser más tarde Tuthmosis III. Otro ejemplo: La víctima de un robo se dirigió a la misma estatua con el fin de encontrar al ladrón. Durante una procesión la estatua indicó, con un gesto de cabeza, el escondite del bandido, donde se descubrió también su botín. Y he aquí todavía otro prodigio: Un obrero estaba en litigio con un vecino a causa de la propiedad de una casa. Dirigiéndose a la estatua, exclamó: “¡ ven en mi ayuda, tú, mi gran sol!, y la estatua resolvió el conflicto, dando su opinión con un movimiento de cabeza a favor de su invocador. Otro prodigio: Un sacerdote de Amón era sospechoso de haber cometido sustracciones fraudulentas en el granero del dios. El dios decidiría si había robado o no. Se redactaron dos textos. En el primero se preguntaba al dios si el sacerdote “estaba en posesión de alguna cosa que no se pudiese encontrar”, en el segundo, si “no estaba en posesión de nada de lo que no se podía encontrar”. Evidentemente, el dios eligió aquel que declaraba inocente al sacerdote.

El ejemplo más reciente y más conocido de estatua parlante data del año 332 a. de C. y tiene como héroe a Alejandro Magno. Existía en el oasis de Siwa un oráculo de Amón, célebre en todo Oriente e incluso en Grecia. Alejandro, que había vencido a los egipcios y que se había hecho proclamar Faraón bajo el nombre de Meriamon Aleksandres, decidió llevar a cabo el peregrinaje para interrogar al dios sobre su destino. Amón respondía siempre por escrito, pero tratándose de un visitante de tanta importancia se dignó hablar.

– ¿Me concedes la posesión del mundo entero?- preguntó el gran capitán.

– Sí- respondió el dios.

Después Alejandro interrogó al dios sobre el asesinato de su padre:

-¿Ha logrado escapar de mi venganza algún asesino de mi padre?

– No blasfemes. Ningún mortal puede nada contra tu padre.

Para comprender la respuesta del dios es preciso recordar que sólo los descendientes de faraones, es decir, la dinastía de los dioses, podían ocupar el trono de Egipto. Por ello se había contado que Alejandro, hijo putativo de Filipo, era en realidad hijo de Nectanebo, el faraón destronado que lo había engendrado vertiendo un filtro a Olimpia y entrando en su cama bajo la forma de una serpiente. Por consiguiente, Alejandro era hijo de un faraón, luego, de un dios que no debía temer nada de los mortales. El oráculo de Amón había confirmado la leyenda. Hubo en todas las épocas quien se mostrara escéptico en lo que respecta a estas estatuas que intervenían en los asuntos del Estado o en los de los particulares. Ya Hermes hablaba así a Asclepios: ¡ Si, las estatuas, oh Asclepios, que poca fe tienes!

20181126_073437Las estatuas animadas, llenas de sentimiento y de aspiraciones, que hacen tantas y tan grandes cosas; las estatuas proféticas que predicen el porvenir por los sueños y por otros medios, que nos hacen enfermar o nos curan los dolores según nuestros méritos… ”Son escépticos también casi todos los egiptólogos que explican el fenómeno de las estatuas parlantes o gesticulantes como supercherías de los sacerdotes ventrilocuos o pulsadores de resortes. Los esotéricos, al contrario defendían que se trataba, al menos en determinados casos, de fenómenos de mediumnidad.

El Poder Mágico de la Palabrahermes

Si la noción del “ka”, creadora de las ”estatuas parlantes”, se encuentra en la base de toda la nigromancia egipcia, no es menos importante la creencia en el poder de la palabra. Para los egipcios no existía nada antes de haber sido hablado. El dios Thot personificaba la lengua, y para que los seres y las cosas tuvieran una existencia real , tenían que ser hablados, “lanzados de dentro a fuera” por aquellos que los habían pensado. “La lengua, según leemos en las inscripciones jeroglíficas, crea todo lo que se ama y todo lo que se detesta; la lengua crea la totalidad de las cosas. Nada existe antes de haber recibido su nombre en voz alta”. Es una gran reflexión si te tomas unos minutos para analizar esta simple y profunda pero cierta afirmación.

De ahí el lugar tan importante de las fórmulas rituales en la vida de los egipcios. Por otra parte, esta creencia debía conceder, naturalmente, una gran importancia al nombre. El nombre formaba parte integrante del “ka” de la persona a la que pertenecía y de la que era, en cierto modo, la síntesis psíquica, ya que toda la fuerza magnética del individuo estaba encerrada en el nombre: “A la llamada poderosa del nombre, las fuerzas del “ka” del interpelado se estremecen”. Por eso los egipcios ocultaban su nombre tras un seudónimo; de este modo sus enemigos no podrían servirse de su verdadero nombre para hechizarles o destruir su doble.

hermes-thotSi el nombre verdadero de los humanos, al ser conocido, permitía ejercer una acción sobre la persona, los nombres secretos de los dioses daban a los que que los conocían un poder sin igual. A la llamada del verdadero nombre las fuerzas del dios se encontraban a la disposición del invocador. “Cuando se pronuncia este nombre a la orilla de un río, el río se seca, y si se pronuncia en los campos, surgirán detalles. “Si un cocodrilo ataca al hechicero que conoce el nombre secreto de un dios, por la virtud de este nombre “hará caer la tierra al agua, el sur se volverá el norte y la tierra se invertirá…”.

Este culto de la palabra se aplicaba también a lo que podríamos llamar las modalidades armónicas. Se encuentran muchas veces afirmada la necesidad de que la “voz” que pronuncia la palabra sea “justa”. Era necesario cierto ritmo en la pronunciación para que la palabra tuviera toda su acción. Esta justeza de voz, necesaria para la salvación del muerto, del vivo o del dios, se obtenía por diversos medios, nos enseña Maspero, y sobretodo por conducto del dios Thot, que era el dios hechicero por excelencia , el señor de los discursos divinos, es decir, de los hechizos que permitían a los hombres y a los dioses obtener lo que deseaban. De igual modo que Thot había también anotado y transmitido la melopea. Creador y poderoso, tanto por la voz como por la palabra, cuidaba que los personajes que se servían de sus encantamientos pudiesen entonarlos con exactitud; les ajustaba la voz asegurando así la eficacia de sus oraciones.

Hasta aquí esta segunda parte de la historia del Ocultismo, espero que encontréis el contenido interesante. No olvidéis vuestros comentarios y ¡compartir!                                     ¡ Un cordial saludo!

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